“Para identificarnos como cristianos debemos amar a Dios sobre todas las cosas y a nuestro prójimo como Cristo nos amó al extremo de la Cruz”, expresó monseñor Rolando Alvarez al celebrar la Eucaristía y administrar el sacramento de la Confirmación en la parroquia San José Obrero-El Tuma, el 29 de octubre, trigésimo domingo del tiempo ordinario.

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En la celebración acompañaron el padre Carlos Blandón, párroco, y el padre Mangel Hernández.

El Prelado también agradeció al párroco por los trabajos de embellecimiento del templo, entre ellos el cielo raso y la instalación del nuevo sistema eléctrico.

Continuando con la homilía se refirió al primer mandamiento que debe regirnos como cristianos y es que Dios debe ocupar el centro de nuestra vida, él debe rectorear todo nuestro ser, “porque si para un creyente el Señor, su palabra y los principios éticos que se desprenden de ella ocupan el segundo lugar, ese creyente no es auténtico, por eso el Señor dirá: o frío o caliente porque a los tibios los vomito. No puede haber para nosotros otra palabra que ocupe el primer lugar, tiene que ser la del Señor pues él es el único que garantiza la auténtica felicidad aún en medio del dolor, del llanto y de la crisis. Una vez que Cristo ocupa el primer lugar en medio del valle de lágrimas sabremos sentir a Dios con nosotros”.

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“La diferencia del hombre que se encuentra con Dios vivo no es que sea mejor que los demás, sino que sabe que Cristo vivo siempre lo acompaña, por lo tanto cuando los hombres nos fallan no nos frustramos porque nuestra confianza no está en otra persona que no sea Jesús. El peligro de poner la confianza en humanos o ideologías, es que todo en el mundo es imperfecto, por eso la palabra dirá: Maldito el hombre que confía en otro hombre. Porque al confiar en otra persona y esta se desploma tú también te desplomarás”, indicó.

Al citar el segundo mandato que identifica al creyente recordó que es amar al prójimo, y antes la medida del amor era uno mismo, pero para los cristianos tiene una nueva transformación, “amar como Cristo nos amó en la Cruz”.

“Hermanos no se puede dividir o disolver la relación con el prójimo porque al separar estos mandamientos ya no nos identificamos como cristianos. La primera lectura de este domingo nos motiva a amar al privado de libertad, al que no tiene que comer, al desposeído y necesitado porque no podemos ser cristianos sin hacerle el bien al prójimo, de lo contrario viviremos una fe privada e intimista solo entre ella y Dios, o individualista que únicamente le interese una relación con Dios. No olviden que una fe aislada de los demás no es la de Cristo, no es la de Dios, tampoco es la del Evangelio”.

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“La fe auténtica tiene en primer lugar el amor a Dios e inmediatamente la relación y el amor al prójimo que es imagen y semejanza de Dios, por eso el cristiano no debería pasar un día sin hacer el bien porque de lo contrario no se está cumpliendo y viviendo auténticamente la palabra de Dios. El mundo nos reconocerá por el amor, lo que transforma a una persona es la fuerza del amor al prójimo, es más, me atrevo a decir que una predicación en dos minutos se puede olvidar, pero el bien que hiciste a alguien cuando más lo necesitaba jamás lo olvidará esa persona”, subrayó.

A los 113 jóvenes que recibieron el sacramento de la Confirmación les dejó la tarea de ir junto a sus padres y padrinos a buscar a una persona para hacerle el bien, “porque la palabra de Dios o la tomamos con radicalidad o no la tomamos, porque debemos de avanzar en la radicalidad de llevar al extremo la fe cristiana sin quedarse únicamente en la superficialidad. Esta es la Iglesia que ama a Dios y al prójimo. Dios nos de la gracia de amar a los demás con todo nuestro ser, vida y fuerza como Cristo nos amó al extremo de dar su vida por nuestra salvación”, concluyó.

Publicado originalmente por Diócesis de Matagalpa